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Niveles de confianza en redes profesionales

El otro día te comentaba la experiencia del reclutador reclutado (bueno, en este caso “no reclutado” por cometer un error de lo más básico). Volcar su experiencia en un blog le había valido, al menos, convertirse en el artículo más votado en el concurso convocado por ere.net, una de las comunidades de reclutadores más activas en Estados Unidos.

Hoy me gustaría comentarte el post inscrito en este concurso por Irina Shamaeva, que también ha sido uno de los más votado, sobre la confianza y privacidad en LinkedIn.

La experiencia de la reclutadora Irina comenzó cuando envió a un candidato un mail para concertar una entrevista y obtuvo como respuesta: “Contacta conmigo en LinkedIn, el correo electrónico es spam”. Ya es una respuesta curiosa de por sí, pero es que ademas el candidato era un ingenero de software, que suelen ser muy desconfiados con el tema de la privacidad y seguridad de las redes sociales.

¿Nos fiamos más de LinkedIn o de cualquier otra red social más que del correo electrónico? Esa es la pregunta que se hizo Irina. Hay ya tal cantidad de correo basura y spam que nos acecha que este candidato no se fiaba que el mail convocándole a una entrevista de trabajo fuera real.

Las redes sociales, profesionales y en concreto LinkedIn (más usado en Estados Unidos) se están convertiendo en un lugar donde la gente confía en los demás más que en el Internet abierto. Fundamentalmente porque se está calando en sus usuarios una percepción real de seguridad y confidencialidad perfectamente ajustable al gusto del usuario. En el caso concreto de LinkedIn puedes especificar perfectamente para qué perfiles de usuarios puedes estar visible, y por supuesto cotejar quién te contacta antes de responder o aceptar una invitación.

Quien realmente sabe y entiende cómo funcionan las redes profesionales, no tiene miedo a plasmar en su perfil toda la información relevante. Y de hecho preferirá que se contacte con ella desde la propia red en lugar de por mail.

El problema, que también comenta Irina en su artículo, es que de los 70 millones de perfiles de LinkedIn el mundo en torno al 30% tiene la información mínima: nombre y apellidos, empresa para la que se trabaja, un título, unas pocas palabras clave y tiene unas pocas conexiones. Hay una buena parte de perfiles que ni siquiera tienen esta información, o están duplicados o no están actualizados, o apenas se les puede encontrar a través de las palabras clave. Al mismo tiempo se sabe que casi nadie opta por el perfil “privado”. O sea que casi todo el mundo quiere estar a la vista de los motores de búsqueda, pero no aporta información relevante. ¿En qué quedamos?

En estos casos cabe preguntarse ¿realmente la gente está buscando hacer networking? Tanto si eres candidato, como empresario como reclutador es fundamental que tu perfil sea verdaderamente profesional y que le diga al mundo quién eres. Otra cosa es a qué nivel te “expones”. Pero eso no se decide en el ámbito de la información que aportas, sino en a qué nivel de la red profesional dejas acceder a dicha información. Los usuarios de pago tienen acceso a todos los candidatos, incluidos los de perfil privado. A los candidatos habría que decirles que es preferible que “privaticen” sus perfiles a cambio de poner realmente información valiosa.

A los reclutadores hay que decirles que con una cuenta básica no puedes acceder a los perfiles de los candidatos “privados”. A efectos prácticos, puedes encontrar más información de la mayoría de los candidatos con perfil privado en buscadores convencionales que lo que te permiten ver en las redes profesionales. Conclusión… si de verdad quieres incorporar las redes profesionales en tu labor, plantéate una cuenta de pago.

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